
Hay noches que no duermo y no por hipotecas vencidas, cuánto pesa el silencio me doy cuenta que no avanzan las horas en el reloj, soy esclava de su tic-tac, soy presa del insomnio por mis ideas, mis miedos y dudas clavadas como puñales en las tapias apócrifas del sueño llegan los minutos, los eternos minutos, como ortigas colgados del brocal de mi conciencia, vaciando mi nombre, en el fondo del pozo reflejando los espectros de mis rostros fingidos, sabiamente fingidos, de las risas reídas a destiempo, de los días mentidos.
En zig-zag miles de siluetas se burlan agolpadas de palabras desposeídas y mi fe deshabitada.
Una a una, desnuda, despiadada, desde cualquier distancia, desde un tiempo, ahí desfilan siluetas, lentamente arrastrando temores, se hicieron dueño, desde un valle sin dioses, sin árboles y sin flores más allá de las acciones mis huidas, mi baúl de promesas disecadas, mi voz, y el destino, que nos mira a todos con el mismo desinterés.
Podría creer que nada es peor, me hieren, me golpean el alma, es entonces cuando viene con la lluvia salpicando tu recuerdo, hijas nacidas del deshielo, en la oscuridad de una cueva de enjambre de avispas presa, goterones de momentos no vividos, como de acciones y detalles omitidos.
Me afligen los minutos que no pasan miro a mi alrededor, callejuelas estrechas solitarias y sin luces.
El tiempo pasa he aprendido a vivir con el silencio en esas noches que no duermo.
Hay noches que no duermo y no por hipotecas vencidas, cuánto pesa el silencio me doy cuenta que no avanzan las horas en el reloj, soy esclava de su tic-tac, soy presa del insomnio por mis ideas, mis miedos y dudas clavadas como puñales en las tapias apócrifas del sueño llegan los minutos, los eternos minutos, como ortigas colgados del brocal de mi conciencia, vaciando mi nombre, en el fondo del pozo reflejando los espectros de mis rostros fingidos, sabiamente fingidos, de las risas reídas a destiempo, de los días mentidos.
En zig-zag miles de siluetas se burlan agolpadas de palabras desposeídas y mi fe deshabitada.
Una a una, desnuda, despiadada, desde cualquier distancia, desde un tiempo, ahí desfilan siluetas, lentamente arrastrando temores, se hicieron dueño, desde un valle sin dioses, sin árboles y sin flores más allá de las acciones mis huidas, mi baúl de promesas disecadas, mi voz, y el destino, que nos mira a todos con el mismo desinterés.
Podría creer que nada es peor, me hieren, me golpean el alma, es entonces cuando viene con la lluvia salpicando tu recuerdo, hijas nacidas del deshielo, en la oscuridad de una cueva de enjambre de avispas presa, goterones de momentos no vividos, como de acciones y detalles omitidos.
Me afligen los minutos que no pasan miro a mi alrededor, callejuelas estrechas solitarias y sin luces.
El tiempo pasa he aprendido a vivir con el silencio en esas noches que no duermo.
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